
No hace falta saber de economía, con simplemente tener sentido común entenderemos que la confianza es fundamental. De hecho estamos cansados de oírselo repetir constantemente a todos los analistas económicos y a gran parte de los políticos.
Pero lo que me parece un poco ilógico es que nadie hable de la ilusión. Es uno de los sentimientos más poderosos de nuestras vidas, que nos hace mejorar y sobre todo empujar cuando más torcidas nos llegan las cosas. Si de todo esto es capaz la ilusión ¿por qué nadie piensa en ella cuando se habla de economía y soluciones? ¡Es más potente que la confianza!
¿Habéis visto alguna vez un mini-reportaje de Emprendedores TV? Yo lo hago muy a menudo, porque cada vez que veo a cada uno de los emprendedores que pasan por sus cámaras, su sentimiento de ilusión, felicidad y autorealización, traspasa las pantallas y llena al que los está viendo.
Lo mismo ocurre con Iniciador, un proyecto/evento que me motiva especialmente organizar, porque con él, de alguna manera estás esparciendo la semilla emprendedora alrededor de España, y estás haciendo que emprendedores experimentados transmitan su ilusión y la contagien a los asistentes.
¡La ilusión funciona! ¿Por qué todo el mundo se ha olvidado de ella?



21 Febrero, 2010 a las 2:15
La ilusión, estimado Álvaro, es algo que se pierde cuando entra en juego la obligación: obligación por llegar a final de mes; obligación por cubrir deudas -morales y económicas-; obligación por dar una imagen social determinada; obligación por estar económicamente a un nivel innecesario; obligación por considerar que se trabaja para cobrar a fin de mes; obligación por anticipar una subvención -ya que hablas de emprendedores- antes de recibir el dinero; obligación de “ganar” en cualquier campo (y en el dialéctico nuestros políticos son expertos del absurdo); obligación por dejar de creer en uno mismo y no salir de un sistema que cada día embrutece más la ilusión; y un largo etcétera.
La obligación apaga la ilusión. Es ridículo, pero vivimos en un entorno de obligaciones que nos tapan la verdadera esencia de la vida, el sentido de la propia existencia. Trabajar por erradicar la obligación creo que es una de las grandes tareas que nos quedan; requiere de meditación y sosiego, disciplina y valor, ilusión y paciencia. Yo creo que se puede. Y si lo creemos unos cuantos, entonces será más sencillo conseguirlo. Y si no podemos con todo, al menos daremos forma a un contexto que permitirá una convivencia más orientada hacia la felicidad, que a fin de cuentas es lo que todos buscamos, y muchos de nosotros sin darnos cuenta de que, con una acción orientada, se consigue.
21 Febrero, 2010 a las 12:42
Hola Benet. Razón no te falta al decir que nuestro mundo está demasiado lleno de obligaciones y presiones.
Ahora bien, no veo tampoco una gran incompatibilidad entre ilusión y obligación.
Independientemente de las obligaciones, una persona con ilusión tiene un afán de superación y espera con ganas el porvenir. No se hunde, por eso es tan importante en momentos de dificultad como el que vivimos ahora.
22 Febrero, 2010 a las 17:13
Perdona, Álvaro, me refería a “obligación” en sentido negativo, una obligación impuesta desde fuera y que provoca rechazo. Cuando la “obligación” parte de la ilusión personal se convierte, como bien dices, en algo no incompatible.